Tuve cierta novia de cuyo nombre no quiero acordarme que no quería tomar pastillas anticonceptivas. El motivo, no hasta que nos casáramos, porque seguramente su chaqui-educación de principios de siglo se vería violada si cogíamos más de lo que su chaqui-conciencia le permitía.
Luego de un rato que me harté de tal mochismo pendejo, salí corriendo y la mandé derechito a chingar a su madre.
Y sí, chingó a su madre.
Oliendo moles de aquí, allá y de todos lados.
