Mi madre y gran parte de su familia, con muy pequeñas excepciones, incluyendo en gran medida su madre propia, siempre han sido personas que sufren mucho. Mi abuela sufrió gran parte de su vida por ser pobre y por ser "mujer de un solo hombre", el cual tenía dos (o más) familias. Sufrió la mayor parte de su vida por eso. Ella nunca enfermó de gravedad, siempre fue medianamente sana, hasta que enfermó, se le detectó cáncer hepático avanzado y en cuestión de meses (no recuerdo exactamente cuántos y no tengo los cojones para preguntar) murió en una lluviosa tarde de agosto a finales de los 90s.
Al morir, dejó un profundo dolor en sus cuatro hijos. Aunado a ésto, el padre de los hijos nunca se presentó y mi madre lo comenzó a odiar, y ahí sigue la cadena, sufrir y sufrir.
Ahora, como mi abuela y mi madre siempre han estado atadas muy fuertemente a sus hijos, les fue y ha sido siempre muy difícil intentar ser felices. Mi madre una vez me llamó cuando me fui por unos meses a Venezuela, con lágrimas en su voz, pidiéndome que regresara, que me extrañaba mucho. Aunque considero inapropiado para mi madre hacerme esas cosas, mi parte sentimental, la parte genética que tengo de los Garza Leyva, me hace entenderla completamente. Luego, regresé, me di cuenta de las cosas en mi vida y retomé mis asuntos pendientes: Me volví a ir de casa a vivir con mi chica, donde, seis meses después salieron oportunidades para venir a Estados Unidos. Y ahora, luego de casi dos años de salir de casa, siento que mi mamá no puede aún asimilarlo por completo. Siento que esos genes de sufrimiento siempre estarán con ella durante toda su vida; siento que le es muy difícil ser feliz, por más que intentemos.
El tumor cancerígeno en su pecho empeora aún más esa sensación. Hoy hubo muy buenas noticias con respecto a ésto, pero siempre habrá algo que le impida realizarse completamente y sentirse feliz.
Oliendo moles de aquí, allá y de todos lados.
