Quiero escribir. Sin embargo, siempre lo hago mal. Siempre que releo lo que escribo, me da pena y un poco de vergüenza, simplemente no puedo escribir.
Me gustaría contar con lujo de detalle lo que siento, lo que pienso y lo que vivo. Pero luego pienso que a nadie le interesará fuera de mi pequeño círculo de amistades. A veces ni siquiera pienso al escribir. Simplemente me salen palabras sin sentido y profundamente huecas.
Escribir no es fácil. Sentir lo es. Escribir lo que sientes no es fácil. Escribir pendejadas lo es, siempre lo he hecho, podría recibir un doctorado por ello.
Necesito sinceridad y humildad. Necesito mucha humildad. Soy una rueda de la fortuna de emociones. Extraño mi vida pasada y añoro la que no tengo. Quiero escribir todo eso para después poder hacer un recuento de lo vivido, pero pocas veces puedo. Sólo me he sentido sincero por ahí de 2003, cuando las preocupaciones no eran tantas y el futuro se veía mucho más promisorio.
Necesito estudiar. Necesito estudiar un chingo. Ya tengo que dejarme de pendejadas. Quiero estudiar y escribir. Y no ser un pendejo. Nadie quiere ser un pendejo. Especialmente yo.
¿Cómo me siento en este momento? No sabría decir. Nunca sé qué siento o qué pienso. Por eso es que es tan difícil escribirlo, yo creo. Nunca tengo una opinión formada al respecto de cierto tema. Eso me hace un ser humano deplorable. No sé si algo es bueno o malo, y luego quiero escribir y no puedo. Enfocarse. Si toda la gente, junto conmigo, se enfocara, las cosas serían más fáciles. Supongo.
Voy a escribir a escondidas. Sin presionarme, sin falsas esperanzas y sin falsas presentaciones. Sólo así es que podría soltarme. ¿Pero entonces de qué chingados escribo? Ya sé, de todo y nada. No, chingada madre, eso es lo mismo de saber y no saber, o más de nunca saber y hacer como que sí.
Voy a escribir y ya.
Oliendo moles de aquí, allá y de todos lados.
